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Símbolos que se significan a sí mismos

Cinco años después de la aparición de su obra principal, La invención de la cultura (1975; 2019 esp.), Roy Wagner publicó este estudio sobre los símbolos y su papel en la creación de la cultura.

Con muchas de las herramientas hermenéutico-antropológicas ya desplegadas en aquella primera obra (obviación, inversión figura/fondo, mediación), el argumento central de este libro es que los símbolos son misteriosas entidades universales con vida propia y que el significado es una forma de percepción a la que los seres humanos están adaptados física y mentalmente.

El libro “Símbolos que se significan a sí mismos” comienza introduciendo al lector en el tema central de los símbolos, después de lo cual, el estudio de Roy Wagner se despliega en dos partes bien diferenciadas: en un primer paso (capítulo 4: La muerte en la piel, mortalidad e inversión figura-fondo) Wagner emplea los ejemplos etnográficos de sus años de investigación entre los daribi de Nueva Guinea. Al utilizar el ejemplo de la estructura de parentesco entre los daribi, Wagner intenta mostrar de qué manera el significado es una variable independiente con movimiento propio («La realidad objetiva de dicho régimen de construcción del parentesco no radica en sus referentes –conductas concretas, conjuntos de personas o flujos genéticos reales–, sino en los significados, las percepciones que incorporan en el curso de su expansión hacia una metáfora de marco más amplio», pág. 52). En la estructura de parentesco, argumenta Wagner, puede descubrirse la creación del significado y percibirse esas cualidades no referenciales de los símbolos que les permite estar doblados sobre sí mismos y significarse a sí mismos.

En un segundo momento (capítulo 6: El símbolo «nuclear» occidental), Wagner utiliza este mismo enfoque para estudiar la evolución de los símbolos centrales de Occidente, como la sangre y el cuerpo de Cristo, el papado y la iglesia, las diferentes interpretaciones de la eucaristía, la Reforma y la creciente secularización.

El significado es fundamentalmente una percepción mental, similar a la visión binocular o a las categorías espacio-temporales, postula. Organizada en términos de referencia verbal, la imagen significativa se constituye como tropo o metáfora. Los símbolos culturales «nucleares» de Occidente crecen mediante la expansión de los tropos en los marcos abarcadores del mito, las relaciones de parentesco y los rituales.

La autorreferencialidad implica el agotamiento de estos marcos tal y como son percibidos, dando lugar a la sucesión de las épocas históricas y a la inversión cataclísmica –como la Reforma– en la evolución de una civilización compleja. Al centrar su argumento en las dinámicas de la imagen en lugar del referente, Wagner es capaz de demostrar el movimiento del significado como una variable independiente.

A lo largo del libro, Wagner se centra en ambas cosas: la teoría antropológica de la cultura y las preguntas filosóficas más generales sobre la construcción de los sistemas de significado.

Mientras que Wagner pone mucho cuidado en reconocer el vínculo de su análisis con predecesores tales como Paul Ricoeur, Claude Lévi-Strauss y David Schneider, la perspectiva de Roy Wagner sobre asuntos tales como el tropo, el símbolo, la cultura y el individuo se nos muestra como una contribución original y sumamente novedosa para el estudio de los símbolos y la constitución de la cultura.

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